En general, los mejores objetivos fotográficos son zooms luminosos con apertura constante de f/2,8, como los 24–70 mm y 70–200 mm, u ópticas fijas con aperturas de f/1,2 a f/1,8. En un cuerpo APS-C, el encuadre se estrecha por un factor de 1,5× (1,6× en Canon), y en Micro Cuatro Tercios por 2×. Así, un objetivo de 200 mm encuadra como uno de 300 a 400 mm. Su estabilización óptica compensa de 4 a 5,5 pasos por sí sola y hasta 7,5 pasos junto con la estabilización del cuerpo.
Los objetivos de gama alta también usan motores lineales o paso a paso para enfocar de forma rápida y silenciosa al grabar vídeo. Los botones de bloqueo del enfoque, los anillos de apertura y los diafragmas de 9 a 11 palas redondeadas aportan control y un desenfoque de fondo suave. Los mejores están sellados frente a la intemperie, tienen una montura metálica y suelen llevar un revestimiento de flúor en la lente frontal que repele el agua y la grasa. Pesan unos 450 g en el caso de un gran angular fijo, 1.000–1.600 g para un 70–200 mm f/2,8 y más de 2 kg para un zoom de 600 mm. La mayoría admite filtros de 67–82 mm. Elige primero la montura, porque los objetivos RF, Z, E y L no son intercambiables entre cuerpos con monturas distintas.